dilluns, 26 de maig de 2014

Ulan Bator



Llegamos a la frontera a primera hora advertidos que podría ser que las gestiones se alargaran horas. No se si es que tenemos suerte pero la salida rusa fue muy sencilla y rápida. Los agentes hablaban un poco de ingles y nos ayudaron a rellenar diversos impresos. La única pega que nos encontraros fue en uno de los pasaportes que habían traducido una ‘G’ como una ‘J’ en el nombre de pila y al no concordar quisieron realizar comprobaciones. Al final dieron el visto bueno y pasamos a la siguiente frontera despedidos entre sonrisas y ‘Good bye’s’, abriéndonos la valla fronteriza.
Ya estábamos a punto de pisar Mongolia!!
En Mongolia lo primero que hicieron fue hacernos pasar en moto por una resbaladiza piscina de desinfectante. En el siguiente puesto dos policías jóvenes nos pidieron el ‘white paper’. No lo teníamos ni sabíamos de qué hablaban pero nos indicaron que nos habíamos pasado de largo un control i que era allí donde nos lo tenían que dar. Fuimos a pie hasta una oficina donde nos lo tramitaron sin más problema. En la cola de este trámite coincidimos con muchos mongoles que salían hacia Rusia a comprar. Seguramente propietarios de tiendas, las tiendas rusas deben estar más y mejor surtidas que las mongolas, pensamos.
Ya con el ‘white paper’ el siguiente paso aduanero fue, bolígrafo en mano, rellenar unos formularios escritos en mongol. Así como hay idiomas que puedes llegar a cazar palabras, el mongol, es imposible! Escrito nada y hablado no se parece absolutamente a ningún otro del que sea capaz de comprender algo. Además, fonéticamente, tiene unos sonidos complicados para nosotros. Hemos conocido mongoles que nos han dicho palabras para que las aprendiéramos y resulta complicado. (al menos a nosotros)
Acabados los trámites y con todos los sellos estampados damos por acabado el trámite del vehículo y de la documentación personal. Resulta curioso que aquí los funcionarios que estampan sellos tienen cada uno el suyo atado por una cadena y dentro del bolsillo del pantalón. Es una especie de cajita metálica redonda que en un lado lleva el sello y en el otro la tinta. Se lo sacan del bolsillo, estampan el sello y se lo vuelven a guardar..
Salimos de la aduana revisando no dejarnos ningún sello ni papel ni trámite para no tener problemas más adelante. Imaginaos una salida del país faltando un sello de entrada…
Allí mismo cambiamos moneda en una de las tres oficinas bancarias que hay en el mismo recinto y salimos casi millonarios de moneda mongola.
Aun nos quedaba un trámite importante, el seguro obligatorio del vehículo. Nuestra carta verde era válida hasta ahora, pero las iniciales MNG no aparecen en los países cubiertos así que hay que contratar el seguro. Un tipo sentado en una oficina, aficionado al billar en sus horas libres, rellenó unos impresos y salimos de allí asegurados y reasegurados para 30 días por 10$ la moto.
Fuera de la oficina nos esperaban para cambiar moneda pero ya lo habíamos hecho y con mejor cambio que el que nos ofrecían ellos.
Mongolia es un cambio de paisaje radical. Llanuras onduladas sin apenas vegetación leñosa o sea, sin apenas un árbol. Rebaños de cabras, ovejas, bacas y caballos muchas veces conducidos por pastores a caballo o en moto. Parece mentira como van los pastores con sus motillas chinas!
Las motos que vemos por Mongolia no son de ocio, son para trabajar. Casi todas son idénticas, cuatro tiempos de 150 cc y con la misma estética. Montan neumáticos taqueados y cada propietario se ocupa de personalizar su montura con detalle. No sabemos de qué seria capaz un Mongol con una enduro actual porque si con sus monturas van como van… Aquí no es obligatorio el uso del casco ni tampoco respetar el número de plazas, familias enteras se trasladan sobre dos ruedas.
Llegamos a UlanBatar. (http://es.wikipedia.org/wiki/Ul%C3%A1n_Bator )Ya de lejos se aprecia la ciudad. Sobre ella hay una nube de contaminación marrón grisácea que nos augura debe ser una ciudad con muchísimo tráfico. No nos equivocamos. Teníamos previsto dirigirnos al Oasis Guesthouse, para casi obligada para todos los Overlanders que pasan por aquí, Cruzar la ciudad fue una odisea. El tráfico es muy agresivo y solo sirve la ley del mas grande. Por suerte a las motos, al menos a nosotros, nos respetaron mínimamente. Presenciamos autobuses picados entre ellos cerrándose el paso. Coches que como te cuelas y yo no quiero acababan tocándose. Golpes laterales al cambiar de carril cuando les da la gana…
Finalmente llegamos al Oasis. Nos abrió la puerta la chica de Mongolia que ha quedado al mando del alojamiento. Teníamos constancia que el Oasis lo habían montado una pareja austriaca pero que el año pasado solo quedaba la chica y finalmente se ha ido también. La chica que lo lleva ahora nos ha ce aparcar las motos y casi sin dejarnos tiempo para poner los pies en el suelo no hace una ruta guiada por todas las salas mientras nos va cantando las normas y maneras de funcionar del Gueshouse. Hay de todo, desde taller de motos contiguo y con entrada directa, lavarropa, comedor, cocina y hasta peluquería.
Nos alojamos en un ‘Gerts’ como dicen ellos, ‘Yurta’ como nos parecía que se llamaba y ‘Guirts’ como lo llaman los mongoles a las tiendas redondas de color blanco y súper confortables que usan muchísimos mongoles para vivir.
Conocimos a Jeonghun, un chico coreano que viaja solo en una DR650 y con el que compartiremos una visita el dia siguiente.







 

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